lunes, 8 de junio de 2015

Escenas 7. Sé de estos.

Sé de este, que cuando le dejan, él deja un cambio a tiempo, digamos, cronometrado, como una bomba de tiempo, en la otra persona.

El se acercó a ella queriendo pulirle y hacerle brillar, pero no sabría que la prueba final era él mismo.

Ella a lo largo de su relación notó que él tampoco era feliz y se le dificultaba, estando con ella, vivir la vida sin preocupaciones.

Tercos los dos, torpes los dos, no sabían como tenderse de la mano tranquilidad ó felicidad, no, corrijo, la calma, necesitaban la calma para dar un leve suspiro y seguir.

Los suspiros se hicieron más grandes, casi al respirar se les escapaba uno y otro, harían una nube todos los días en el cielo.

Él parece tener esta particularidad de dejar una catarsis a alejarse de la otra persona.

Verás, al final de las relaciones, en ese intento de ir, venir, alargar ó cortar lazos, se pone al límite lo que se vive con esa persona.

Luego de que se eliminan los bordes del contacto y la apariencia física quedan las ideas, conceptos y memorias intangibles de la relación.

Allí surge ese cambio.

¡Oh!, pero no siempre resulta para bien, eso es un hecho, pero me han pedido relatar este capítulo, uno del que no sé mucho.

Sé de esta, que cuando le dejan, marcó el silencio de un compromiso en la boca de él.

Ella hesistante a estar a su lado se dejó tomar de poco a poco.

Él no sabía que gracias a ella logró resaltar emociones que debían ser resaltadas, en su mayoría un desagrado por su vida y su situación.

Él quería explorar la pulcritud, el brillo, una idea egoísta y un poco narcisista si me preguntas.

- ¿Ahora qué es de ellos?.

Creo que ni ellos lo saben. Creo que nada. Creo que no me incumbe, creo que ni me importa.

jueves, 28 de mayo de 2015

Escenas, 6 El ruido de la sombra

Después de una ligera charla forzada sobre el débil estado de los cuerpos,
físico y mental acompañados por una cerveza, con un compañero; camina.

Otra vez estoy solo.

Camina entre una gran multitud de personas mientras se dirige a un pequeño desvío de su destino final.

- Un cigarrillo- dice sin observar al vendedor mientras extiende la mano con dos monedas y mirando de reojo se asegura de entregar el dinero a la mano desconocida del expendedor.

-Gracias.

Se aleja sin observar ni recordar el rostro

Otra vez estoy solo.

Se sienta en un banco, esperar a que acabe el cigarrillo, que frío día, anochecía, no sabía observar el cielo, ó ver la poca luz amarillenta que bañaba a los transeúntes.

Otra vez estoy solo.





¿Será típico de un ser, animal ó existencia adherida al hecho de ser social encontrarse con lo inevitable de la soledad de su existencia?

El individuo por concepto, está solo.

SS

Querido olvido,

Sin razón ni aviso,
sin sentido, sin sabor te das,
ajeno a la memoria, ajeno a la sensación.

Querido olvido, ¿cómo te alejo?, ¿alguna vez te añoré tanto?,
ya no recuerdo, querido, ya no recuerdo; olvido.

martes, 31 de marzo de 2015

Movimiento de cuenta

De que me piense, ó que me dibuje,
por eso, y de lo que escuche de su voz y gestos, podría tratar de definirle.

Como briza tranquila de atardecer,
o la implacable luz que anuncia la mañana,
ni con su nombre podría contenerle, sólo nombrarle.

De sonidos metálicos se hizo la espera,
del frío el tacto resuena en la cabeza.

Entonces televisores, computadores, intinerarios, noticias
y otros arreglos en que distraigo y divago,
que como si en la espera con una ligera distracción
se esperan cual tacones marcando paso, acercando;
obvio aviso, obvio instinto,
las palabras que dijo ya las había leído.

Otra mañana ajena en la misma tierra,
otro mañana ajena en la mente de aquella.

martes, 13 de enero de 2015

Escenas, 5.

En las nubes, de noche, el cielo estaba hecho un océano de nubes. El cielo estaba entre un tono naranja y rosado.

En las nubes, el cielo, se hizo un mar de nubes que pretendían ser olas.

En las nubes; el cielo se hizo un río.

En el cielo las nubes dejaron un fragmento obscuro, azul profundo, casi negro y se dejaban ver un par de estrellas, que por ser dos no podía dejar de imaginarme un pequeño hilo entre ellas.

A veces, las nubes se acercaban, pareciese que las fuesen a arrollar, ¡qué equivocado!, las rodeaban y las abrazaban.

Las nubes caprichosas se movían de un lado para otro, ya no parecía ni un riachuelo, nada, un montón de mantas densas y delgadas jugueteaban lentamente entre sí.

Las estrellas, el par y aquél tenue cordón que les unía sobrevivía, entonces, se hizo otro espacio, una a una estrellas aparecían, el par de estrellas del principio ya no parecía ser especial, ya se habían perdido entre el conjunto de aparentemente tímidas estrellas, como si el cielo tuviese miles de pequeños ojos y se mostrara tímido de ver el mundo cerrando y abriendo diferentes ojos tomando las nubes por párpados.

Despejándose más el cielo, las estrellas parecían ser individuales, contando historias, como si fuesen los ojos de cada entidad contando sus propias historias de tiempos, de distancias.

En el cielo, las nubes parecían ya pequeñas islas quietas flotando en un azul profundo decorado de puntos blancos.

En el cielo, nubes y estrellas arrullan mis ojos, duermo.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Ibi

Quien creería que se alimentaría de los deseos imposibles.

De eso, nosotros, humanos,
se alimenta más del recuerdo que del presente.

El presente increíblemente infinito y pasajero, instantáneo,
lo que le hace durar no es más que el pasado.

¿Qué puede hacer aquel que no tuviese memoria?,
no podría vivir un instante del presente.

Así me excuso con los deseos.

Entre más imposible el deseo mejor,
sea por que nada es imposible,siempre que el deseo no sea físicamente imposible, y por que al obtener, del "deseo"  se queda uno vacío, pues la sensación del deseo no se puede atrapar.

- ¿Qué tiene que ver la memoria y los deseos?, ¿Adán?
- Dije que era una excusa.
- Es una distracción.
- ... Sí, piérdete en esas palabras Eidan.

"¿Porque si uno no confía en la memoria, en qué confía?"

lunes, 24 de noviembre de 2014

Escenas, 4: Sí. Mrs. S

De pequeño, no leía tanto, no leo mucho ahora tampoco, pero había algo en esos libros en primera persona que me atrapaba, la despersonificación total mía mientras leía me atrapaba en otro mundo.

- Acabo de darme cuenta, esta es mi vida y este es mi cuerpo.

- Sí Juan, esto no es un juego ni un libro donde puedes estar cambiando de cuerpo en cuerpo.

Creo que es uno de los recuerdos más fuertes de mi vida.

La obviedad de mi vida, la constancia impasible de lo ajeno del día a día.
Lo olvidadizo de lo temporal, lo efímero.
Lo incaptable de las memorias objetivas.

Y las lagunas que una a una se amontonan haciendo un mar de vida.

martes, 7 de octubre de 2014

El contrato carmesí con la locura

¿De qué va esta obscuridad rojiza?

Sé, soy consiente, observo en la profunda obscuridad cuando cierro los ojos, es este rojo.

Es inevitable por el mismo hecho de ser humano y tener la sangre roja el ver mis parpados así, todo el tiempo, contra luz y en la obscuridad.

De allí sé que al menos, en la obscuridad o en la negrura del caos, donde no tuviese tacto ó no pudiera conocer los límites de mi cuerpo, donde las ideas saltan, se enredan y retuercen, si dudase de mi existencia como humano, calmaría cerrando mis ojos por esta obscuridad rojiza.

Por eso mismo no temo de la noche sin estrellas ni luna, no temo de la obscuridad de la cueva... Por eso no temo de mi mismo.

Pero si perdiese mis párpados rojos, si me ganara la ceguera, si perdiese los ojos, la locura me tomaría, no sabría ser humano, dejaría de ser uno.

Apretando los ojos, veo verdes , luces y demás, pero en la base de todo lo que veo, esta este rojizo, encima aún de la obscuridad, rojo que veré en todas partes, que podría hacerme perder la cordura, no lo hace, pues es el contrato carmesí con la locura.

viernes, 12 de septiembre de 2014

A las buenas.

Te quiero en tonos.

De contrastes rojos,
de blancas nubes,
de días amarillos
de madrugadas azules.

Te quiero en todos los colores.

De noches negras,
de lluvias grises,
de claros verdes,
de atracción morada.

Te quiero en analogías

Tu voz a capella,
a bene placito contigo;
adagio el tiempo,
affettuoso cuando te espero.

Te quiero en fotografías viejas,
en imágenes nuevas,
descrita en letras,
esbozada en hojas,
tallada en mi mente,
relieve en la arena.

Tu cabello tranquilo, libertino,
tus ojeras hinchadas, bahías de tus ojos,
tu melancolía silenciosa,
tu sonrisa despreocupada.

Tu voz relajada,
tu vocalización enredándose en mis oídos,
como pendientes que me pongo con canciones,
para recordarte.